7 cosas que no sabes sobre los huesos

 

Guestpost de Vincenzo de Ioanni

1) ¿De qué está hecho un hueso en realidad?

Si examinamos la composición de un hueso, veremos que este último está constituido por agua en un 45% y por una serie de células vivas sumergidas en una matriz mineral especial que tiene la siguiente composición:

 

MINERAL

   %

 

 

CALCIO

25%

FOSFORO

 

SODIO

12%

 

1,24%

MAGNESIO

0,37%

POTASIO

0,7%

ZINC

0,009%

COBRE

0,0005%

     

También está constituido por una proteína llamada colágeno, que es rica en los aminoácidos lisina y glicina, entre otros.

Vemos entonces que un hueso es un elemento vivo con sus minerales, aminoácidos y la carga enzimática y bacteriana que cualquier tejido vivo contiene.

 

2) Tipos de huesos que puedes suministrar a animales carnívoros

 En general, los podemos clasificar en huesos carnosos o huesos recreativos.

 Los huesos carnosos son huesos que están constituidos por una proporción adecuada entre hueso y carne. Hay autores, como Ian Billinghurst, que aconsejan suministrar piezas con 2/3 de hueso y 1/3 de carne. En cambio, otros como Tom Lonsdale, aconsejan que la pieza esté constituida “mitad de hueso y mitad de carne”.

 Yo, personalmente, intento adaptar la pieza al tamaño y estado fisiológico y anatómico del animal.

Por ejemplo, para un cachorro o un perro de tamaño pequeño, sugiero la ingesta de alitas o cuello de pollo. Si observamos la proporción entre carne y hueso de estas dos piezas, vemos cómo es aproximadamente de 50% de carne y 50% de hueso. También podemos suministrar muslitos de pollo a cachorros o perros de tamaño pequeño. En este caso la pieza tiene 1/3 de hueso y 2/3 de carne.

 Para un perro de tamaño grande, un buen ejemplo de hueso carnoso, puede ser la carcasa de pollo que tienen los músculos paravertebrales y los huesos blandos del esternón,  ya que mantiene una justa proporción entre carne y hueso.

 No sólo hay huesos carnosos de pollo, sino que también tendríamos la costilla y el pecho de ternera, el cerdo con su espinazo, el cuello de pavo, las chuletillas de cordero y cabrito, el lomo y los muslos del conejo, la codorniz entera, así como las chuletas de caballo o algunas piezas de carne de venado.

 Cuando hablamos de hueso recreativo, normalmente estamos hablando de huesos de tamaño grande que no se pueden ingerir, como por ejemplo el omoplato, vértebras, rodillas o cañas de vaca o las manitas de cerdo.

  

3) ¿Se pueden dar huesos  a todos los tipos de perros y gatos?

 En general, todos los perros y gatos pueden comer huesos,  pero no es tan recomendable que los ingieran:

 Perros geriátricos con una dentadura deficiente, con enfermedades periodontales  o en gatos con problemas bucales como la estomatitis, quizás es mejor no suministrar huesos.

 Los perros braquicéfalos (que tienen un hocico y cráneo muy corto) también pueden tener muchas veces problemas con la ingesta de los huesos.

 También debemos prestar mucha atención en aquellos perros  muy ansiosos que engullen y aspiran la comida. En estos casos podemos triturar los huesos o suministrar sólo huesos recreativos que, por su tamaño, no pueden ser ingeridos.

 Si no damos huesos, podemos complementar el calcio con polvo de cáscara de huevo, con harina de hueso de consumo humano o con algún compositum homeopático como calcárea fluórica, por ejemplo.

 

 4) Beneficios que aportan los huesos a la salud de los animales

 Conociendo la composición de los huesos, ya sabemos que con su ingesta le estamos aportando al animal calcio, fósforo y otros minerales importantes para atender a su gasto metabólico diario. Además, también le estaremos proporcionando cantidades de colágeno y condroitin sulfato, nutrientes presentes en los complementos suministrados como protectores articulares.

 Algunos compañeros veterinarios creen que lo único que el animal aprovecha del hueso son la carne, médula, ligamentos y tendones adheridos a él y que la proteína colágeno es muy poco digestible. Sin embargo, podemos observar a diario cómo, en la heces de los perros que comen carnes con hueso, casi no hay restos de ello,  por lo que podemos deducir que aprovechan la mayor parte del hueso ingerido. A pesar de ello, todavía no hay estudios que determinen exactamente qué cantidad y cómo funciona la digestión de los huesos en estos animales (los estudios sobre humanos han determinado que se aprovecha sólo el 1% del colágeno presente en los huesos).

 Lo que es una evidencia, es el efecto beneficioso que el animal experimenta cuando los está masticando. De hecho, mientras mastica está atendiendo a una de las principales necesidad de la especie canina que le ayuda a producir hormonas del placer y reducir el nivel de estrés, aparte de algunas enzimas que le ayudarán después en la digestión.

 Otro de los efectos beneficiosos de masticar los huesos es, que en la mayoría de los perros y gatos,  los dientes se mantendrán libres de sarro, lo cual proporcionará  un estado más saludable al animal, ya que las bacterias del sarro viajan al torrente sanguíneo y son causa de muchas enfermedades en perros y gatos.

  

 5) ¿Y los contras?

 Con respecto a los factores negativos del uso de los huesos en las dietas caninas y felinas casi siempre hablamos de un incorrecto uso en su suministración.

 Podemos observar unas heces demasiado duras y de textura arenosa o, en el peor de los casos, estreñimiento si suministramos huesos carnosos con muy poca carne o si le dejamos demasiado tiempo un hueso recreativo a un perro que todavía no está acostumbrado a ello.

 También podemos observar episodios de diarrea o algún vómito ocasional, así como heces pastosas y blandas recubiertas de mucosidad en la transición entre una dieta artificial y una natural.

 Otro aspecto a tener en cuenta si estás alimentando a varios animales a la vez, es la necesidad de que cada uno tenga su propio espacio para comer tranquilamente su hueso. En consecuencia, también evitaremos posibles incidentes entre ellos.

 Y, finalmente, está el aspecto que genera más miedos en el cuidador que está indeciso de suministrar huesos: el posible atragantamiento, obstrucción o perforación intestinal que la ingesta de los huesos pueda provocar.

 Generalmente, lo podremos evitar tomando alguna precaución:

  • Que el hueso sea suministrado siempre crudo.
  • Tener en cuenta la fisiología, tamaño y anatomía del animal.
  • Y lo más importante… durante las primeras veces, suministrarlos bajo la vigilancia del cuidador, ya que éste podría intervenir en caso de necesidad.

  

6) ¿Es peligroso dar huesos a los perros y gatos?

 En principio te diría que no, puesto que en los años que llevo (que no son pocos) suministrando huesos a los animales que estoy cuidando y recomendando a mis pacientes que los introduzcan en la dieta, sólo he visto un caso de atragantamiento en una perrita braquicéfala (tipo bulldog), que, por norma general, ya son perros que pueden presentar alguna dificultad para ingerir cualquier tipo de comida. No olvidemos, de todos modos, que existe el riesgo de atragantamiento ingiriendo una bolita de pienso también.

 Cuando hablamos del miedo generalizado que existe con respecto a la perforación o la obstrucción de los intestinos, debemos acotarlo sobre todo al riesgo existente que hay en el suministro de huesos cocinados (éstos pierden agua y se vuelven más duros y cortantes) a animales cuya alimentación siempre se ha basado en el pienso. Éstos no tienen carga vital enzimática ni bacteriana suficiente, lo cual contribuye a entorpecer y hacer difícil la digestión en caso de la ingesta de cualquier alimento vivo.

 También estaremos atentos a que los huesos tengan coherencia con el tamaño del animal, así que evitaremos, por ejemplo, dar una alita de pollo a un mastín, ya que se la podría tragar entera y sin masticar, con la posibilidad de atragantarse.

  

7) ¿Por dónde empezar?

 Antes que nada hay que tener en cuenta de qué animal se trata:

 Normalmente, con animales jóvenes y sanos no tendremos ninguna dificultad en empezar a dar huesos. A cachorros y gatitos de 6/8 semanas ya podemos dar huesos pequeños triturados en su primera dieta de alimentos sólidos así como dejar roer algún hueso grande, siempre ajustando el tamaño del hueso al tamaño del animal como hemos descrito antes (una alita de pollo ¡no es el hueso adecuado para un mastín!).

 Si tenemos un perro o gato que siempre ha sido alimentado con piensos, entonces haremos el cambio a la comida natural poco a poco. Primero alimentando sólo con carnes sin hueso y algún vegetal, cereal o legumbre durante algún tiempo y después empezaremos poco a poco a introducir los huesos.

 Si hablamos de un animal con una salud precaria, lo primero que debemos hacer es ofrecer carnes ligeramente cocinadas, alguna verdura y cereal. Cuando su sistema digestivo ya se haya acostumbrado al cambio (observando los eventuales episodios de vómitos y diarrea así como la calidad de las heces), pasaremos a darle carnes cada vez más crudas, Y, sólo después, introduciremos los huesos en su dieta.

Si quieres saber cómo adentrarte en los beneficios de la alimentación natural, en breve empezaremos el curso Alimentación Natural y Nutrición Funcional para Pequeños Animales, una gran oportunidad para que nuestros compañeros de 4 patas disfruten de una dieta biológicamente apropiada para ellos.

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