Hoy se abre un espacio muy especial en el podcast de salud y bienestar animal de Acupcan, Más allá de la Medicina Tradicional. Un espacio para hablar de una experiencia que muchas personas que conviven con animales han vivido alguna vez y que marca profundamente: cuando un animal no vuelve a casa.

En este nuevo episodio del podcast, Anna Parellada conversa con Ayana Gaillard para acercarse a una vivencia profundamente humana y animal. Gatos que no regresan. Perros que, por miedo, por un despiste o durante un paseo, se alejan y no encuentran el camino de vuelta. Y con ello aparece un estado difícil de sostener, en el que se mezclan la incertidumbre, la inquietud constante, la necesidad de buscar y el esfuerzo por confiar cuando no hay respuestas claras.

Cuando no existe un cierre, cuando no hay un adiós que ayude a ordenar lo vivido, el proceso cambia. El tiempo se dilata, las preguntas se repiten y el vínculo con el animal se transforma. Por eso, en este episodio se ponen palabras a lo que muchas veces se transita en silencio y se propone una mirada diferente: la comunicación animal como herramienta de acompañamiento, entendida no como una promesa de resultado, sino como un apoyo al vínculo y al proceso que se abre cuando un animal no vuelve a casa.

La comunicación animal en casos de desaparición

Ayana Gaillard se formó en comunicación animal hace más de once años y, poco tiempo después, comenzó a especializarse en el acompañamiento de animales desaparecidos. A lo largo del episodio explica que este tipo de procesos tienen características muy distintas a otros trabajos de comunicación animal de tipo terapéutico.

Cuando se trata de animales desaparecidos, no siempre hay un feedback inmediato ni respuestas visibles que el tutor pueda comprobar. La comunicación no se orienta tanto a transmitir mensajes concretos como a sostener un proceso que suele ser intenso y prolongado, tanto para el animal como para la persona responsable.

Ayana insiste en que la comunicación animal siempre es por y para el bienestar del animal. Desde su experiencia, cuando un animal desaparece rara vez se trata de algo casual. Más que “perderse”, muchas veces hay un para qué detrás, aunque ese sentido no siempre sea evidente ni fácil de aceptar desde la mirada humana.

No siempre se trata de encontrar

Uno de los mensajes centrales del episodio es que la labor de la comunicadora no es necesariamente encontrar al animal. Esta afirmación puede remover, porque el impulso humano suele estar enfocado en el resultado: localizar, recuperar, cerrar.

Sin embargo, Ayana explica que existen muchos motivos por los que un animal puede decidir irse. A veces algo en casa ya no encaja, otras veces hay movimientos internos que el animal sigue. En su experiencia, especialmente en gatos, muchas desapariciones coinciden con cambios profundos y, de manera muy frecuente, con mudanzas.

Ella misma comparte haber vivido numerosas mudanzas y haber tenido gatos que le expresaron claramente que no querían marcharse del lugar donde estaban. Animales que se sentían bien en ese entorno y que no deseaban seguir. Escuchar y respetar ese sentir forma parte del vínculo, aunque no siempre sea fácil de sostener.

Ayana relata que, en algunos casos, el animal desaparece incluso antes de que el cambio se produzca, como si el proceso ya estuviera anunciado. No como rechazo ni castigo, sino como una decisión ligada a su propio recorrido.

Perros, gatos y diferentes formas de desaparecer

Durante la conversación también se aborda la diferencia entre perros y gatos en los procesos de desaparición. Ayana señala que los casos son más frecuentes en gatos, aunque también se dan en perros y en otros animales.

En perros, las desapariciones suelen estar relacionadas con episodios de miedo, ruidos fuertes o situaciones puntuales en las que el animal sale a explorar y pierde la referencia. En épocas festivas, con petardos o celebraciones, estos casos aumentan de forma significativa.

En gatos, además, se observa una fuerte conexión con su parte más salvaje. Aunque convivan en pisos o casas, mantienen un instinto muy activo que puede expresarse ante cambios de entorno, ruidos, tensiones o transformaciones en la dinámica familiar.

El primer contacto: confirmar si el animal quiere regresar

Ayana explica que, cuando una persona contacta con ella, el primer paso es realizar una comunicación inicial para confirmar si puede sentir al animal y trabajar con él. En ese primer contacto también se pregunta algo fundamental: si el animal quiere regresar y ser encontrado.

A partir de ahí, el proceso puede desplegarse de formas muy distintas. Hay casos en los que, simplemente al percibir la preocupación y la presencia de su humano, el animal decide volver. Esto puede suceder en perros, gatos y también en otros animales con los que Ayana ha trabajado a lo largo de los años.

En otras ocasiones, el proceso es más largo y requiere acompañamiento continuado, paciencia y una gran capacidad de sostener la incertidumbre.

El papel del tutor y las emociones que aparecen

Cuando un animal no vuelve a casa, las emociones suelen intensificarse. En el episodio se habla abiertamente del miedo, de la culpa, de la frustración y de la sensación de pérdida de control que aparece en muchas personas.

El tutor puede cuestionarse decisiones pasadas, preguntarse si hizo lo suficiente o si podría haber actuado de otra manera. También surgen dudas sobre hasta dónde seguir buscando y cuándo es el momento de parar.

Ayana explica que no existe una respuesta externa válida para todos los casos. Escuchar el propio sentir y tomar decisiones que, a largo plazo, aporten más calma es una de las claves del proceso. No se trata de hacerlo “bien” o “mal”, sino de hacerlo desde un lugar honesto y sostenible para quien acompaña.

El modo supervivencia y la mirada del animal

Uno de los aspectos que aporta mayor comprensión es la explicación del modo supervivencia. Cuando un animal desaparece, puede entrar en un estado en el que su prioridad es sobrevivir: esconderse, orientarse, evitar amenazas y adaptarse al entorno.

En este estado, el animal puede ver a su tutor y no acercarse, o incluso huir. No porque no exista vínculo, sino porque su sistema está enfocado en otra cosa. Esto sucede con frecuencia en gatos, aunque también puede darse en perros muy asustados.

Ayana explica que, en estas situaciones, intentar perseguir o atrapar al animal suele generar el efecto contrario. La calma, la paciencia y el respeto al momento en el que se encuentra el animal resultan fundamentales.

Buscar como forma de sostener el vínculo

Buscar forma parte del proceso y tiene un valor que va más allá del resultado. Ayana insiste en la importancia de que el tutor salga a buscar, incluso muchas veces por los mismos lugares. No solo porque el animal puede moverse, sino porque nunca se sabe cuándo alguien puede haberlo visto.

Ella misma comparte experiencias personales en las que buscó repetidamente, recorriendo zonas una y otra vez, hasta que finalmente el animal apareció. Buscar activa la presencia, la atención y también una red de apoyo que puede resultar clave.

En el episodio se menciona incluso una creencia japonesa que invita a pedir ayuda a otros animales que se cruzan en el camino, siempre con respeto. En algunos casos, este gesto ha abierto situaciones inesperadas, recordando que los animales también se comunican entre ellos.

Herramientas que pueden acompañar el proceso

Además de la comunicación animal, Ayana explica que existen distintas herramientas que pueden acompañar los procesos de animales desaparecidos, siempre desde el criterio, la formación y la ética profesional.

Una de ellas es la visión remota, a través de la cual el animal puede mostrar imágenes o sensaciones del entorno en el que se encuentra. Esta información no ofrece localizaciones exactas, pero puede aportar contexto: si hay vegetación, si hay presencia humana, si el animal se desplaza o permanece escondido.

También se menciona el testaje de zonas y la radiestesia como formas de confirmar o contrastar información, especialmente cuando hay mucha dispersión o confusión. Estas técnicas, utilizadas con experiencia, pueden ayudar a orientar la búsqueda física.

En el plano energético, Ayana habla de distintos tipos de sanación que se utilizan para ofrecer sostén al animal, sobre todo cuando está muy asustado o en estado de alerta constante. El objetivo es ayudarle a encontrar un mínimo de calma, no forzar resultados.

Entre estas herramientas menciona el trabajo con energías animales, como la energía de los delfines, que describe como dulce y amorosa, especialmente útil para animales que necesitan sentirse contenidos. También habla del acompañamiento energético en casos en los que el animal necesita medicación o apoyo, como una forma de sostener mientras no puede recibir cuidados directos.

Ayana subraya que no siempre hay información nueva cada día y que aceptar los espacios de silencio forma parte del proceso. Forzar la comunicación o intervenir de forma compulsiva puede generar más confusión que ayuda.

Ética, orden y claridad en el acompañamiento

Un punto clave del episodio es la ética profesional. Ayana advierte del riesgo de que muchas personas intenten comunicarse al mismo tiempo con el mismo caso, aunque sea con buena intención.

Cuando no hay orden ni coordinación, se puede generar interferencia y bloquear la comunicación. Por eso insiste en la importancia del permiso, la transparencia y el trabajo organizado. Si hay colaboración entre profesionales, debe hacerse de forma clara.

Ayana también explica que no ofrece garantías y que es honesta sobre los límites del proceso. Los animales se mueven, cambian y responden a múltiples factores. El acompañamiento debe adaptarse a esa realidad cambiante.

El tiempo, el cierre y el duelo sin despedida

Una de las cuestiones más complejas es decidir cuándo transformar la búsqueda en otra forma de acompañamiento. No hay reglas fijas. Hay animales que regresan al poco tiempo y otros que lo hacen después de semanas o meses.

En algunos casos, llega un momento en el que ya no se siente al animal o este no desea seguir comunicando. Entonces se abre la posibilidad de cerrar, aunque no exista un adiós claro. Este tipo de duelo es especialmente difícil, porque no hay un cuerpo ni una confirmación externa.

Cerrar no significa olvidar ni dejar de amar. Significa cuidar la propia energía y honrar el vínculo desde otro lugar.

Lo que permanece después del proceso

A lo largo del episodio queda clara una idea: una desaparición transforma. Tutores, comunicadoras y personas que acompañan no salen iguales. Hay aprendizajes, movimientos internos y una comprensión más amplia del vínculo con los animales.

Ayana lo expresa con claridad: después de un animal desaparecido, no se vuelve a ser la misma persona. Esa transformación también forma parte del camino compartido.

Gracias por habernos acompañado hasta aquí. A lo largo de esta conversación se han abierto espacios muy íntimos, que resuenan especialmente en quienes han vivido situaciones similares.

Hablar de cuando un animal no vuelve a casa no es sencillo, pero es necesario. Poner palabras a lo vivido permite sostener el proceso con más conciencia y acompañamiento.

Recuerda que también puedes encontrar a Acupcan en YouTube, donde se comparten entrevistas con profesionales del ámbito del bienestar animal.

Gracias por estar, por escuchar y por sentir con nosotras.  Nos oímos en el próximo episodio.